Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga otra vez y muchas veces a parirse a sí mismos».

— Gabriel García Márquez —

Gustavo sabía que ya no era la misma persona de antes, Algo había cambiado en él después de aquel trágico accidente. Gustavo era una joven de cabello rizado y oscuro; su piel era fría como la nieve; sus ojos cargaban en ellos una tristeza inmensa. Era feliz con lo poco que tenía y después de tanto esfuerzo había logrado conseguir dinero para comprar su primer auto. Pensó en ahorrarse un poco de tiempo y decidió ir al banco a cambiar su dinero en efectivo a un cheque para facilitar las cosas en la concesionaria de la cuidad. Al salir del banco, dos personas en una moto azul se le acercaron a Gustavo. Después de unos minutos de forcejeo, Gustavo estaba tirado en el suelo, bañado en sangre, sin su cheque.


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