Eres como ese atardecer que se refleja en la ventana de su casa,
natural, radiante y capaz de iluminar hasta el día más oscuro.
Tu sonrisa es una invitación a detener el tiempo
y perderme en la magia de tu mirada.
Solo con verte ahí, tan llena de vida,
haces que el mundo a mi alrededor desaparezca.
Tu rostro refleja una dulzura que me hipnotiza,
y esa tranquilidad es como un refugio para el corazón.
No sé si es el paisaje o el destino,
pero ambos parecen haberse puesto de acuerdo
para resaltar tu belleza.
Si pudiera, me quedaría justo al lado de esa ventana,
escuchando tus pensamientos
y sintiendo cómo tu risa se convierte en mi melodía favorita.
Si el amor tuviera un rostro,
estoy seguro de que se parecería al tuyo,
tan lleno de vida, tan lleno de promesas.