“Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo.” –Mario Benedetti
Te vi,
sin embargo, no te miré.
Pasaste frente a mis ojos
como un suspiro que no entendí,
como un verso que leí sin alma.
Te vi,
pero no logré captar tu esencia,
esa brisa suave que te rodeaba,
esa luz que sólo irradia quien aún cree en el amor.
Te vi,
pero mis ojos estaban cerrados al alma
y mi pecho distraído de lo que importaba.
Te vi,
y aun sintiéndolo,
ignorar fue más fácil que aceptar
que algo dentro de mí se movía.
Te vi…
y cuando al fin te miré,
ya habías cruzado la línea del horizonte,
mirando hacia un mundo
que ya no me incluía.