Mientras se acaban las conchitas

“La nostalgia es el deseo de uno mismo.”
— Mario Benedetti

Hoy me siento triste… un poco nostálgico, tal vez incluso melancólico. Me invadió este sentimiento mientras veía cómo se me terminan las conchitas… esas que guardan tanto más que sabor: guardan mi casa, mi niñez, mis raíces. Y mientras se desvanecen, siento cómo también se aleja ese pedacito de mi tierra, de mi gente, de lo que soy. Con cada mordisco final, se abre un agujero en el corazón, un eco que me recuerda que estoy lejos, y que a veces no sé dónde pertenezco…

¿Dónde está mi hogar? ¿Será el que dejé atrás o el que intento construir aquí? Las conchitas se acaban y empiezo un viaje hacia mis memorias, buscando el sabor, la dulzura, la textura… no sólo del pan, sino de los abrazos, de las voces familiares, del idioma cantado en la calle, del calor que no viene del sol, sino de la gente. Tengo miedo.

Miedo de que el camino de regreso se me borre. Miedo de que un día olvide cómo volver. Y aún más miedo de que ya no haya un lugar al que regresar.

Pero también sé que en mi corazón llevo todos esos recuerdos, y mientras alguien más recuerde conmigo —aunque sea con palabras, aunque sea con una conchita— quizás el hogar no esté tan perdido.

Quizás el hogar no sea un lugar… sino ese pedacito de ternura que tú y yo aún compartimos.


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