Bajo el velo de la oscuridad

No sé si estoy haciendo lo correcto,
o simplemente me dejo llevar por la curiosidad de descubrir qué escondes detrás de esa sonrisa,
como un misterio guardado en el sabor dulce y amargo de una fruta prohibida.

No sé si te pertenezco.
No sé si me perteneces.

Estamos enredados en este vaivén de emociones y deseos,
como olas que chocan y se retiran en la orilla de un mar inquieto,
sin poder descifrar cuál es la mejor ruta a tomar,
sin saber si es mejor seguir en este amor clandestino
que florece al roce frío de la noche,
cuando la luna despliega su manto oscuro,
nos envuelve en su silencio plateado y nos llena de una calma que sabe a tierra mojada y susurros.

No sé si nuestro amor es fugaz,
como la brisa que apenas toca la piel en una tarde de verano,
o delicado como la cera que gotea lentamente,
con el miedo de que el sol venga con su calor ardiente y su luz implacable,
que nos derrita y nos deje expuestos, vulnerables,
a un amor prohibido que arde en secreto,
como fuego bajo la nieve.


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