El postre de la vida

Ella sonreía como si no hubiera un mañana. Disfrutaba cada segundo de su vida con una libertad impresionante, inspiradora, que contagiaba a cualquiera que la viera sonreír.
En su sonrisa se escondía la octava maravilla del mundo, pero a ella no le importaba mucho eso, porque el mundo era un manjar… y ella ya se quería comer hasta el postre.
Y así, de sonrisa en sonrisa, logró conquistar el mundo


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