Mi antojo favorito

Me gustas más que el café con pan por las mañanas.
Me gustas más que una pupusa con todo el queso bien quemadito por las orillas.
Me gustas más que la sopa de pollo de mi mamá.
Me gustas tanto, que si tú me lo pides, te dejo lo quemadito de las pupusas… y hasta el último poquito de la minuta.

Me gustas más que los tamales calientitos envueltos en hoja de plátano.
Más que una empanada de leche recién salida del comal.
Me gustas más que la yuca frita con curtido y salsa.
Más que un atol de elote en tarde fría.

Me gustas como gusta el primer sorbo de café cuando uno tiene sueño,
como el primer bocado después de un largo ayuno.
Eres como ese antojo que no se quita,
como ese platillo que uno no se cansa de repetir.

Y si te soy honesto, me gustas tanto
que hasta estaría dispuesto a dejar el último pedazo de pastel…
ese que siempre guardo para mí.

Porque tú no solo eres mi antojo favorito…
Eres el platillo que quiero en cada mañana,
la dulzura que no empalaga,
el sabor que no me canso de probar,
la receta que no quiero que nadie más cocine,
el postre que siempre dejo para el final… porque lo mejor, siempre se guarda para ti.


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