Cuando no era mi turno

Esa pequeña punzada
que nace sin ruido,
cuando me cuentas
que alguien más
ha llamado tu atención.

Yo sonrío,
como si dentro de mí
no hubiera una pregunta
temblando en silencio:
“¿Por qué él y no yo?”

Te escucho,
te aconsejo,
camino a tu lado
como amigo leal,
aunque por dentro
mis pasos tropiecen.

Y mientras te empujo
—con el alma apretada—
hacia los brazos de otro,
me repito que así es la vida,
que a veces uno ama
en la sombra,
sin reclamar,
sin pedir,
sin interrumpir.

Porque entre nosotros
hubo una chispa,
una corriente suave
que nunca se dijo en voz alta.
Tal vez por miedo,
tal vez por destino,
tal vez por no arriesgar
lo único seguro que teníamos:
nuestra amistad.

Así me quedo,
entre lo que siento
y lo que callo,
mirándote sonreír
por alguien que no soy yo,
mientras susurro hacia dentro
mi verdad oculta:
no era mi turno…
pero ojalá lo hubiera sido.


Leave a comment