La conexión que tuve contigo
fue como encontrar un reflejo
en un lago en calma:
creí que era real,
hasta que el viento cambió.
Hubo una chispa, sí,
un destello diminuto
como el roce de dos estrellas
que nunca estaban destinadas
a tocarse de verdad.
Lo nuestro era un hilo de luz,
tensado entre el deseo
y lo imposible,
una frontera hecha de suspiros
que yo confundí con paso libre.
Tus ojos…
eran faros en la noche,
y yo, un viajero cansado,
creí ver un hogar
donde solo había un destello pasajero.
Quizás fui yo
quien tejió constelaciones
donde solo había
una chispa errante.
Quizás tu mirada
solo devolvía la luz
que yo mismo proyectaba.
Y así comprendí que aquello,
eso que yo llamaba “conexión”,
no fue más que una estrella fugaz:
tan rápida,
tan bella,
tan imposible de retener,
que cuando extendí la mano
ya había desaparecido.