A veces, las estrellas despiden de pronto una fuerte luz, como si hubiesen tenido de pronto una idea importante.
Kafka en la orilla- Haruki Murakami
Era un lunes cualquiera, común y corriente donde la cotidianidad estaba por dondequiera y el calor de ese junio era insoportable. Estaba tan caliente que se ponías una cacerola con un huevo en el asfalto se podia freír. Era un calor tan insoportable que podías sudar con tan solo estar parado bajo el sol. Sin embargo, pasó unos ojos fríos más fríos que la antártica. Pasó unos ojos que con tal solo verlos el calor de ese verano desparecía en un segundo. Ella tenía unos ojos negros como mi alma y una malicia en ellos que solo necesitaba verte de re-ojo para darte cuenta que esos ojos no eran ojos cualquiera. Esos ojos eran del tipo que si te clavaba la mirada estabas ya completamente perdido. Esos ojos tenían una maldad en ellos que te incitaba a acercarte más a ellos. Esos ojos fueron mi estrella fugaz que nunca más volví a ver.