Sala de espera

La vida es el arte del encuentro, aunque haya tanto desencuentro por la vida.»
— Vinicius de Moraes

Hay algo curioso en las salas de espera de los aeropuertos.

Son lugares de paso… pero también de pausa.

La gente llega, se sienta, revisa sus teléfonos, mira las pantallas, como si todos estuviéramos entre un «ya no» y un «todavía no».

Y ahí estaba yo.

Sentado frente a una pared llena de colores, rodeado de movimiento, pero, por dentro, en silencio…

Cuando, sin aviso, pensé en ti.

No fue un pensamiento ruidoso.

Fue de esos que llegan suavemente, pero se quedan.

Y me puse a pensar en nosotros…

En cómo, sin darme cuenta, te fuiste volviendo parte de mi día a día. En cómo, entre llamadas largas y conversaciones sin prisa, te convertiste en ese espacio donde uno puede, simplemente, ser.

Porque eso eres para mí…

Un lugar donde no hace falta fingir.

Y, en medio de todo eso, sentí algo muy claro: gratitud.

Gracias.

Pero no como se dice por educación, sino como se siente cuando realmente nace del corazón.

Gracias por lo pequeño, por lo cotidiano, por esos detalles que quizás para ti pasan desapercibidos, pero que en mí se quedan… y pesan.

Me dejaste conocerte más allá de lo superficial.

Tu mundo.
Tu casa.
Tu gente.

Y eso no es cualquier cosa.

Eso es confianza.

Y, en esa cercanía, entendí muchas cosas…

De dónde viene tu luz, tu forma de ver la vida, esa energía tuya que hace que todo se sienta un poco más ligero.

También entendí algo más…

Que no te quiero solo en tus mejores momentos.

Me gusta cuando sonríes, claro.

Cuando te emocionas, cuando te enojas, cuando te pones intensa.

Pero hay algo especial en esos momentos en los que bajas la guardia y dejas ver ese lado más suave, más humano…

Ese que no le muestras a cualquiera.

Ahí es donde más te siento.

Y, siendo honesto, nunca pensé que esto tomaría esta forma.

Nunca pensé que alguien pudiera volverse tan importante en tan poco tiempo.

Pero pasa.

Ahora hay días en los que, si no escucho tu voz, algo se siente distinto.

No necesariamente vacío…

Pero sí incompleto.

Como si faltara una pieza pequeña, pero esencial.

Tal vez eres eso.

Algo que no sabía que necesitaba… hasta que llegó.

No sé qué trae el mañana.

Las salas de espera me recuerdan eso…

Que estamos constantemente entre destinos, entre versiones de nosotros mismos.

Pero sí sé esto:

Me alegra que nuestros caminos se hayan cruzado.

Porque, cuando miro hacia atrás, cada paso, cada error, cada momento difícil parece haber tenido sentido…

Como si todo, de alguna forma, me hubiera guiado hasta aquí.

Hasta ti.

Y ahora, en medio de este lugar lleno de despedidas y comienzos, me encuentro sonriendo por algo tan simple como pensarte.

Como si, entre tanto movimiento, hubiera encontrado un pequeño lugar donde quedarme…

Aunque sea por un rato.

No sé cuánto dure ni qué forma tome con el tiempo.

Pero, mientras exista, quiero vivirlo sin prisa.

Porque hay personas que no se explican.

No se planean.

No se esperan…

Solo se sienten.

Y tú…

Tú eres una de ellas.


Leave a comment