No todas las segundas oportunidades son para volver a empezar. Algunas llegan para despedirse mejor.
— Franklin Mendoza
Hay veces que el destino tiene una manera muy interesante de hacerte vivir cosas que nunca imaginaste.
Hay veces que el destino se empeña en mostrarte aquello que pudiste vivir, pero que nunca pudo ser.
Hay veces que el destino tiene la manía de hacerte sentir cosas que jurabas que ya no importaban.
Hay veces que el destino te da una segunda oportunidad.
Y hay veces que el destino, simplemente, quiere regalarte unos segundos más de vida.
Unos segundos para volver a mirar aquello que creías haber olvidado.
Para escuchar una voz que, de alguna manera, todavía reconoces entre miles.
Para sentir cómo el corazón recuerda mucho antes que la mente.
Porque quizás olvidar nunca fue realmente olvidar.
Quizás solo aprendimos a guardar ciertos recuerdos en lugares donde no dolieran tanto.
A cerrar puertas sin llave.
A seguir caminando sin mirar demasiado hacia atrás.
Pero el destino…
El destino tiene esa mala costumbre de conocer exactamente dónde escondimos todo.
Y, cuando menos lo esperas, vuelve.
No siempre para quedarse.
No siempre para cambiar la historia.
A veces, simplemente, para sentarse frente a ti y preguntarte en silencio:
«¿Todavía recuerdas?»
Y claro que recuerdas.
Recuerdas la voz.
La mirada.
Las palabras.
Incluso aquellas cosas pequeñas que jurabas que el tiempo terminaría borrando.
Por unos segundos, el presente desaparece.
Y vuelves a ser aquella versión de ti que todavía no sabía cómo terminaría la historia.
Qué curioso…
Pasamos años preguntándonos qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes.
Si hubiéramos hablado un poco más.
Si hubiéramos tenido menos miedo.
Si el tiempo hubiera sido el correcto.
Si nosotros hubiéramos sido los correctos.
Pero quizás el destino no trabaja con «hubiera».
Quizás nunca quiso darnos una respuesta.
Tal vez solo quería demostrarnos que hubo cosas que sí fueron reales.
Aunque fueran breves.
Aunque no duraran.
Aunque terminaran convirtiéndose en recuerdos.
Y entonces lo entiendes.
No todas las segundas oportunidades son para volver a empezar.
Algunas llegan para despedirse mejor.
Otras, para perdonar.
Y algunas…
Algunas solo llegan para regalarte unos segundos más junto a aquello que, alguna vez, te hizo sentir vivo.
Después, el tiempo vuelve a correr.
La vida continúa.
Cada quien regresa a su camino.
Pero tú ya no eres exactamente el mismo.
Porque, por unos segundos…
El destino te permitió volver.
No para quedarte.
Solo para recordar.
Y, a veces…
Eso también es una segunda oportunidad.