Skip to content
  • Home

Memorias de un pasado que aun recuerdo

  • Antes de besar el cielo

    July 12th, 2026

    “El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.”
    — Gustavo Adolfo Bécquer

    Hay miradas que uno olvida.

    Ojos que vemos una vez y que, con el tiempo, terminan perdiéndose entre tantos rostros que hemos conocido.

    Pero luego están tus ojos.

    Tus pequeños ojitos chinos.

    Esos que parecen esconderse cuando sonríes, como si fueran tímidos, como si no quisieran revelar todo lo que provocan cuando alguien se detiene a mirarlos un poco más de la cuenta.

    Yo los miré.

    Quizás demasiado.

    Y sin darme cuenta, aprendí a reconocer tus emociones en ellos.

    Aprendí que tus ojos sonríen antes que tus labios.

    Que se hacen pequeños cuando eres feliz.

    Que tienen una forma extraña de llenarse de luz cuando algo te emociona.

    Y que, a veces, pueden decir cosas que tú jamás dirías en voz alta.

    Nunca imaginé que unos ojos pudieran quedarse tanto tiempo en mi memoria.

    Mucho menos imaginé que, un 28 de diciembre, los tendría tan cerca.

    Aquella noche fuimos a cenar.

    Recuerdo mirarte mientras hablabas.

    Recuerdo tus gestos.

    Tu sonrisa.

    Pero, sobre todo, recuerdo tus ojos.

    Tal vez porque aún no sabía que, horas después, serían lo último que vería antes de que tus labios tocaran los míos.

    No esperaba aquel beso.

    Nunca imaginé que me besarías.

    Y cuando sucedió, por un pequeño instante, te miré.

    Ahí estaban.

    Tus ojitos chinos.

    Tan cerca de mí que el resto del mundo parecía estar demasiado lejos.

    Después cerré los ojos.

    Y te besé.

    Fue extraño cómo, al dejar de verte, pude sentirte aún más cerca.

    Tus labios sobre los míos.

    La sorpresa.

    El silencio de mis pensamientos.

    Y esa sensación inexplicable de estar tocando algo que, hasta ese momento, había creído demasiado lejano para mí.

    Como el cielo.

    Quizás por eso aquel beso se sintió mágico.

    Porque antes de tocar tus labios, vi tus ojos.

    Y en ellos había algo que todavía no sé explicar.

    Tal vez fue ternura.

    Tal vez fue el momento.

    Tal vez simplemente eras tú.

    Hay besos que uno recuerda por cómo se sintieron.

    Yo recuerdo el nuestro por la mirada que vino antes.

    Por esos pequeños ojos que tantas veces había visto desaparecer entre tus sonrisas y que aquella noche, por unos segundos, estuvieron más cerca de mí que nunca.

    Fue un 28 de diciembre cuando el cielo, por primera vez, tuvo el sabor de tus labios.

    Y desde aquella noche, mis labios también aprendieron a recordarte.

    Y aunque han existido muchas miradas en mi vida, hay una que todavía puedo encontrar cuando cierro los ojos.

    La tuya.

    Porque, curiosamente, antes de besar un pedacito del cielo…

    el cielo me miró con tus ojitos chinos.

  • Unos segundos más

    July 11th, 2026

    No todas las segundas oportunidades son para volver a empezar. Algunas llegan para despedirse mejor.
    — Franklin Mendoza

    Hay veces que el destino tiene una manera muy interesante de hacerte vivir cosas que nunca imaginaste.

    Hay veces que el destino se empeña en mostrarte aquello que pudiste vivir, pero que nunca pudo ser.

    Hay veces que el destino tiene la manía de hacerte sentir cosas que jurabas que ya no importaban.

    Hay veces que el destino te da una segunda oportunidad.

    Y hay veces que el destino, simplemente, quiere regalarte unos segundos más de vida.

    Unos segundos para volver a mirar aquello que creías haber olvidado.

    Para escuchar una voz que, de alguna manera, todavía reconoces entre miles.

    Para sentir cómo el corazón recuerda mucho antes que la mente.

    Porque quizás olvidar nunca fue realmente olvidar.

    Quizás solo aprendimos a guardar ciertos recuerdos en lugares donde no dolieran tanto.

    A cerrar puertas sin llave.

    A seguir caminando sin mirar demasiado hacia atrás.

    Pero el destino…

    El destino tiene esa mala costumbre de conocer exactamente dónde escondimos todo.

    Y, cuando menos lo esperas, vuelve.

    No siempre para quedarse.

    No siempre para cambiar la historia.

    A veces, simplemente, para sentarse frente a ti y preguntarte en silencio:

    «¿Todavía recuerdas?»

    Y claro que recuerdas.

    Recuerdas la voz.

    La mirada.

    Las palabras.

    Incluso aquellas cosas pequeñas que jurabas que el tiempo terminaría borrando.

    Por unos segundos, el presente desaparece.

    Y vuelves a ser aquella versión de ti que todavía no sabía cómo terminaría la historia.

    Qué curioso…

    Pasamos años preguntándonos qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes.

    Si hubiéramos hablado un poco más.

    Si hubiéramos tenido menos miedo.

    Si el tiempo hubiera sido el correcto.

    Si nosotros hubiéramos sido los correctos.

    Pero quizás el destino no trabaja con «hubiera».

    Quizás nunca quiso darnos una respuesta.

    Tal vez solo quería demostrarnos que hubo cosas que sí fueron reales.

    Aunque fueran breves.

    Aunque no duraran.

    Aunque terminaran convirtiéndose en recuerdos.

    Y entonces lo entiendes.

    No todas las segundas oportunidades son para volver a empezar.

    Algunas llegan para despedirse mejor.

    Otras, para perdonar.

    Y algunas…

    Algunas solo llegan para regalarte unos segundos más junto a aquello que, alguna vez, te hizo sentir vivo.

    Después, el tiempo vuelve a correr.

    La vida continúa.

    Cada quien regresa a su camino.

    Pero tú ya no eres exactamente el mismo.

    Porque, por unos segundos…

    El destino te permitió volver.

    No para quedarte.

    Solo para recordar.

    Y, a veces…

    Eso también es una segunda oportunidad.

  • Sala de espera II: Otro vuelo a casa

    July 11th, 2026

    La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.
    — Gabriel García Márquez

    Llevo un rato sentado en este aeropuerto.

    Y se siente extraño volver al mismo lugar donde, hace meses, te escribí aquel largo mensaje.

    Las mismas paredes.
    Las mismas luces.
    La misma gente caminando deprisa hacia algún destino.

    La misma espera.

    Pero nosotros…

    Nosotros ya no somos los mismos.

    Y creo que está bien.

    La vida tiene una forma curiosa de cambiarlo todo mientras estamos ocupados viviéndola.

    Un día estás aprendiendo a reconocer la voz de alguien, sus silencios, la forma en que se ríe cuando se siente en confianza…

    Y, al siguiente, estás aprendiendo a extrañarla desde lejos.

    Sé que tu vida ha cambiado.

    Y, desde lo más profundo de mi corazón, espero que él sea todo aquello que alguna vez le pediste a Dios en silencio.

    Espero que te ame con paciencia.

    Con ternura.

    Sin prisa.

    Que aprenda a querer cada parte de ti.

    Tu corazón.
    Tu forma de pensar.
    Tu lado sensible.
    Tus días difíciles.
    Incluso tu caos.

    Todas esas pequeñas cosas que, juntas, te hacen ser tú.

    Espero que nunca olvide lo afortunado que es de recibir tu amor.

    Que sea tu refugio cuando el mundo se vuelva demasiado pesado y quien más fuerte celebre cada uno de tus logros.

    Que escuche esos pensamientos a los que les das mil vueltas sin hacerte sentir complicada ni hacerte creer que sientes demasiado.

    Que simplemente te permita ser tú.

    Y, sobre todo, espero que cuide tu sonrisa.

    Esa sonrisa.

    Que la proteja y te dé nuevas razones para sonreír aún más.

    Porque, si hay algo que siempre supe, incluso cuando no entendía qué lugar ocupaba en tu vida, es que mereces un amor que te dé paz.

    Quizás mi papel en tu historia nunca estuvo destinado a ser permanente.

    Quizás solo fui una página.

    Un capítulo.

    Tal vez uno de esos recuerdos que, años después, aparecen de repente y, por un instante, te hacen recordar quién eras en aquel momento.

    Cometí errores.

    Hay palabras que habría dicho de otra manera.

    Cosas que habría hecho diferente.

    Momentos que, si pudiera volver a vivirlos, disfrutaría un poco más.

    Pero hay algo de lo que nunca dudé:

    Lo mucho que me importaste.

    Eso fue real.

    Todavía te extraño a veces.

    No de esa manera desesperada que desea volver atrás.

    Es diferente.

    Es una nostalgia tranquila.

    De esas que llegan sin avisar cuando escuchas una canción, encuentras una fotografía o vuelves a sentarte en la misma sala de espera de un aeropuerto.

    Porque los sentimientos no desaparecen simplemente porque la vida tomó otro rumbo.

    Hay personas que dejan una parte de ellas en nosotros.

    En una canción.

    En una palabra.

    En una ciudad.

    En la costumbre de mirar el teléfono a cierta hora.

    Y, de alguna manera, permanecen ahí…

    Incluso después de comprender que ya no están destinadas a caminar a nuestro lado.

    Estas palabras no buscan complicar tu vida.

    Tampoco hacerte mirar hacia atrás.

    Tal vez solo necesitaba dejarlas aquí.

    Porque he aprendido que amar también puede significar alegrarse por la felicidad de alguien, incluso cuando uno ya no forma parte de ella.

    Aceptar que la vida no te colocó al final de su historia…

    Y, aun así, agradecer haber formado parte de algunos de sus capítulos.

    Sé que mi lugar ya no está a tu lado.

    Pero, cuando piense en ti, lo haré con cariño.

    Con gratitud.

    Con esa ternura que uno guarda por las personas que, durante un tiempo, hicieron que la vida se sintiera un poco más ligera.

    Fuiste importante para mí.

    Mucho más de lo que probablemente alguna vez supe explicar.

    Y siempre estaré agradecido por las llamadas.

    Por las conversaciones sin prisa.

    Por las risas.

    Por esos silencios que nunca se sintieron incómodos.

    Por haberme permitido conocer tu mundo.

    Tu casa.

    Tu gente.

    A ti.

    Al final, todo lo que alguna vez quise fue verte feliz.

    Te quise sinceramente.

    Todavía me importas.

    Y deseo, de corazón, que encuentres toda la felicidad que mereces…

    Aunque ya no sea conmigo.

    Y si ahora alguien más tiene la dicha de cuidar tu corazón, solo espero que sepa valorar lo que tiene.

    Que lo cuide.

    Que lo respete.

    Que nunca olvide lo especial que es.

    Porque, de todas las cosas bonitas que he tenido la oportunidad de conocer en esta vida…

    Tu corazón siempre será una de ellas.

    En fin…

    Miro la pantalla frente a mí.

    Probablemente pronto llamarán a mi grupo para abordar.

    La gente comienza a levantarse y a recoger sus maletas.

    Poco a poco, esta sala de espera empieza a quedarse vacía.

    Y yo también tengo que irme.

    Supongo que esa es la diferencia entre aquella vez y esta.

    La primera vez que escribí desde aquí, pensaba en cómo cada paso de mi vida parecía haberme guiado hasta ti.

    Hoy…

    Entiendo que algunos caminos también nos enseñan cuándo es momento de seguir adelante.

    No porque lo vivido haya sido un error.

    Sino porque, a veces, conocer a alguien y después tener que dejarlo ir también forman parte del mismo viaje.

    Así que dejaré estas palabras aquí.

    En esta sala de espera.

    En este aeropuerto.

    En esta versión de mí que todavía te recuerda con cariño.

    Y abordaré otro vuelo de regreso a casa.

    Esta vez…

    Sin cargar conmigo todas las palabras que nunca dije.

    Gracias.

    Por las conversaciones.

    Por los recuerdos.

    Por la confianza.

    Por la luz.

    Y, sobre todo…

    Por haber sido, durante una pequeña parte de este viaje, ese lugar en el que alguna vez quise quedarme.

  • Sala de espera

    July 11th, 2026

    La vida es el arte del encuentro, aunque haya tanto desencuentro por la vida.»
    — Vinicius de Moraes

    Hay algo curioso en las salas de espera de los aeropuertos.

    Son lugares de paso… pero también de pausa.

    La gente llega, se sienta, revisa sus teléfonos, mira las pantallas, como si todos estuviéramos entre un «ya no» y un «todavía no».

    Y ahí estaba yo.

    Sentado frente a una pared llena de colores, rodeado de movimiento, pero, por dentro, en silencio…

    Cuando, sin aviso, pensé en ti.

    No fue un pensamiento ruidoso.

    Fue de esos que llegan suavemente, pero se quedan.

    Y me puse a pensar en nosotros…

    En cómo, sin darme cuenta, te fuiste volviendo parte de mi día a día. En cómo, entre llamadas largas y conversaciones sin prisa, te convertiste en ese espacio donde uno puede, simplemente, ser.

    Porque eso eres para mí…

    Un lugar donde no hace falta fingir.

    Y, en medio de todo eso, sentí algo muy claro: gratitud.

    Gracias.

    Pero no como se dice por educación, sino como se siente cuando realmente nace del corazón.

    Gracias por lo pequeño, por lo cotidiano, por esos detalles que quizás para ti pasan desapercibidos, pero que en mí se quedan… y pesan.

    Me dejaste conocerte más allá de lo superficial.

    Tu mundo.
    Tu casa.
    Tu gente.

    Y eso no es cualquier cosa.

    Eso es confianza.

    Y, en esa cercanía, entendí muchas cosas…

    De dónde viene tu luz, tu forma de ver la vida, esa energía tuya que hace que todo se sienta un poco más ligero.

    También entendí algo más…

    Que no te quiero solo en tus mejores momentos.

    Me gusta cuando sonríes, claro.

    Cuando te emocionas, cuando te enojas, cuando te pones intensa.

    Pero hay algo especial en esos momentos en los que bajas la guardia y dejas ver ese lado más suave, más humano…

    Ese que no le muestras a cualquiera.

    Ahí es donde más te siento.

    Y, siendo honesto, nunca pensé que esto tomaría esta forma.

    Nunca pensé que alguien pudiera volverse tan importante en tan poco tiempo.

    Pero pasa.

    Ahora hay días en los que, si no escucho tu voz, algo se siente distinto.

    No necesariamente vacío…

    Pero sí incompleto.

    Como si faltara una pieza pequeña, pero esencial.

    Tal vez eres eso.

    Algo que no sabía que necesitaba… hasta que llegó.

    No sé qué trae el mañana.

    Las salas de espera me recuerdan eso…

    Que estamos constantemente entre destinos, entre versiones de nosotros mismos.

    Pero sí sé esto:

    Me alegra que nuestros caminos se hayan cruzado.

    Porque, cuando miro hacia atrás, cada paso, cada error, cada momento difícil parece haber tenido sentido…

    Como si todo, de alguna forma, me hubiera guiado hasta aquí.

    Hasta ti.

    Y ahora, en medio de este lugar lleno de despedidas y comienzos, me encuentro sonriendo por algo tan simple como pensarte.

    Como si, entre tanto movimiento, hubiera encontrado un pequeño lugar donde quedarme…

    Aunque sea por un rato.

    No sé cuánto dure ni qué forma tome con el tiempo.

    Pero, mientras exista, quiero vivirlo sin prisa.

    Porque hay personas que no se explican.

    No se planean.

    No se esperan…

    Solo se sienten.

    Y tú…

    Tú eres una de ellas.

  • Entre voces

    July 11th, 2026

    Oigo el sonido que amo: el sonido de la voz humana.
    — Walt Whitman

    Nuestras llamadas no eran rutina.

    Eran un lugar.

    Un espacio suspendido en el tiempo,
    donde las horas dejaban de importar
    y el silencio nunca pesaba.

    Hablábamos…

    Como quien se encuentra después de haberse extrañado toda la vida.

    De sueños que apenas aprendían a pronunciarse,
    de miedos que encontraban refugio en la voz del otro,
    de futuros que, sin darnos cuenta,
    empezaban a entrelazarse.

    También de lo simple:

    del día,
    del cansancio,
    del mundo allá afuera…

    Pero siempre terminábamos volviendo a nosotros.

    Éramos dos voces
    acortando la distancia,
    tejiendo cercanía
    con cada palabra.

    No sé quién llamó primero.

    Solo sé que se volvió inevitable.

    Las mañanas empezaban contigo
    y las noches… también.

    Y, entre una llamada y otra,
    existía esa espera suave.

    Esa forma silenciosa de extrañarte.

    Mirando el reloj
    como si así pudiera acercar el momento
    de volver a escucharte.

  • La mesa más pequeña

    July 11th, 2026

    El amor no se mira, se siente, y aún más cuando ella está junto a ti.

    -Pablo Neruda

    La mayoría de los años, el Día de Acción de Gracias solía ser… un poco aburrido.

    Rodeado de familia y amigos, sí, pero yo… siempre terminaba igual: sentado en una esquina de aquella mesa larga que parecía extenderse por toda la sala.

    Observando.

    Callado.

    Presente, pero distante.

    Sin embargo, desde que llegaste, algo cambió.

    Empecé a buscar cualquier excusa —la más mínima— para ir a verte, para coincidir contigo, para compartir, aunque fuera solo un instante, la misma mesa.

    No sé si fue el destino el que decidió escucharme o si, simplemente, los planetas se alinearon de la manera correcta…

    Pero tuve la dicha de vivir un Thanksgiving distinto.

    Uno que no se medía por el tamaño de la mesa ni por la cantidad de personas sentadas a su alrededor.

    Sino por lo que cabía en ella.

    Solo tú y yo…

    En aquella pequeña mesa.

    Donde, curiosamente, había espacio suficiente para todo lo que sentíamos.

  • Lo que creí que éramos

    November 17th, 2025

    La conexión que tuve contigo
    fue como encontrar un reflejo
    en un lago en calma:
    creí que era real,
    hasta que el viento cambió.

    Hubo una chispa, sí,
    un destello diminuto
    como el roce de dos estrellas
    que nunca estaban destinadas
    a tocarse de verdad.

    Lo nuestro era un hilo de luz,
    tensado entre el deseo
    y lo imposible,
    una frontera hecha de suspiros
    que yo confundí con paso libre.

    Tus ojos…
    eran faros en la noche,
    y yo, un viajero cansado,
    creí ver un hogar
    donde solo había un destello pasajero.

    Quizás fui yo
    quien tejió constelaciones
    donde solo había
    una chispa errante.

    Quizás tu mirada
    solo devolvía la luz
    que yo mismo proyectaba.

    Y así comprendí que aquello,
    eso que yo llamaba “conexión”,
    no fue más que una estrella fugaz:
    tan rápida,
    tan bella,
    tan imposible de retener,
    que cuando extendí la mano
    ya había desaparecido.

  • Cómo te lo digo sin perderte

    November 17th, 2025

    ¿Cómo se le dice a alguien
    tan especial como tú
    que me gusta tu forma de ser,
    tu risa,
    tu manera de mirar el mundo?

    ¿Cómo se confiesa un sentimiento
    sin temblar,
    sin romper la magia suave
    de esta amistad que cuido
    como un tesoro?

    Quisiera decírtelo
    con la calma de un suspiro,
    sin asustarte,
    sin pedirte nada,
    solo abriendo el corazón
    un poquito.

    Decirte que a veces
    pienso en ti sin querer,
    que tu nombre aparece
    sin ser llamado,
    que tu recuerdo
    camina conmigo
    en cada rincón del día.

    Decirte que te admiro,
    que te quiero bien,
    que me inspiras,
    y que hay algo en ti
    que me hace volver siempre.

    Pero también decirte
    que no quiero perderte,
    que si mis sentimientos
    no encuentran eco en los tuyos,
    no pasa nada:
    seguiré aquí,
    cuidando tu amistad
    como lo más bonito que tengo.

    Así que si un día notas
    que mis palabras tiemblan,
    que mis ojos callan,
    o que mi voz se quiebra un poco…
    no es miedo,
    es cariño.
    Es que me gustas.
    Y no quiero perderte
    por decirlo.

  • Cuando no era mi turno

    November 17th, 2025

    Esa pequeña punzada
    que nace sin ruido,
    cuando me cuentas
    que alguien más
    ha llamado tu atención.

    Yo sonrío,
    como si dentro de mí
    no hubiera una pregunta
    temblando en silencio:
    “¿Por qué él y no yo?”

    Te escucho,
    te aconsejo,
    camino a tu lado
    como amigo leal,
    aunque por dentro
    mis pasos tropiecen.

    Y mientras te empujo
    —con el alma apretada—
    hacia los brazos de otro,
    me repito que así es la vida,
    que a veces uno ama
    en la sombra,
    sin reclamar,
    sin pedir,
    sin interrumpir.

    Porque entre nosotros
    hubo una chispa,
    una corriente suave
    que nunca se dijo en voz alta.
    Tal vez por miedo,
    tal vez por destino,
    tal vez por no arriesgar
    lo único seguro que teníamos:
    nuestra amistad.

    Así me quedo,
    entre lo que siento
    y lo que callo,
    mirándote sonreír
    por alguien que no soy yo,
    mientras susurro hacia dentro
    mi verdad oculta:
    no era mi turno…
    pero ojalá lo hubiera sido.

  • Cuando las palabras huyen

    August 25th, 2025

    Hay días en los que me siento en el escritorio de mi trabajo y me dan ganas de escribir, pero nada se me viene a la mente, como si las palabras huyeran de mí, como si no tuviera nada que decir ni que escribir.

    Hay días en los que vengo a mi trabajo y me quedo viendo la pantalla sin que nada se me ocurra, como si el brillo me absorbiera por completo.

    Hay días en los que siento las ganas de salir corriendo a algún lugar mágico donde las ideas puedan pronunciarse, donde fluyan libremente en mi mente.

    Hay días en los que no siento ganas de nada. Absolutamente nada. Solo quisiera estar en casa, dormido, haciendo nada. Mi cuerpo no tiene las energías suficientes para continuar.

    Hay días en los que quisiera gritar a todo pulmón, pero no sé qué gritar.

    Y también hay días en los que me siento inspirado y escribo cosas que quizá no tienen mucho sentido, pero al final del día me llena de paz saber que he logrado escribir algo.

    Hay días en los que me dan ganas de leer algún buen libro, pero no encuentro ninguno que me atrape. Siempre termino regresando a los libros que ya he leído y, aunque a veces descubro cosas nuevas, me gustaría poder aprender más. Sin embargo, siento que los libros ya no me llenan de la misma felicidad ni atención.

  • La huésped invisible

    July 23rd, 2025

    Me he acostumbrado al sonido del viento
    cuando no hay risas en la casa.
    A dejar dos platos sobre la mesa
    y guardar uno sin tocar.

    He aprendido a caminar despacio,
    como quien no tiene prisa por llegar,
    y a hablar en voz baja
    para no despertar al silencio.

    Las ventanas siguen abiertas,
    pero nadie mira hacia adentro.
    Y aunque el sol entra cada mañana,
    parece que se olvida de calentar.

    Las canciones suenan distinto,
    como si faltara una voz.
    Y las noches…
    bueno, las noches cuelgan largas,
    como ropa mojada que se niega a secar.

    Me he vuelto experto en inventar diálogos,
    en llenar espacios con recuerdos,
    en escuchar pasos que nunca llegan.

    Y al final del día,
    cuando todo está en su sitio
    menos yo,
    ella vuelve.
    Sin rostro, sin voz,
    pero con el tacto frío de lo inevitable.

    Se sienta conmigo.
    Y se queda.

  • Bajo el velo de la oscuridad

    July 23rd, 2025

    No sé si estoy haciendo lo correcto,
    o simplemente me dejo llevar por la curiosidad de descubrir qué escondes detrás de esa sonrisa,
    como un misterio guardado en el sabor dulce y amargo de una fruta prohibida.

    No sé si te pertenezco.
    No sé si me perteneces.

    Estamos enredados en este vaivén de emociones y deseos,
    como olas que chocan y se retiran en la orilla de un mar inquieto,
    sin poder descifrar cuál es la mejor ruta a tomar,
    sin saber si es mejor seguir en este amor clandestino
    que florece al roce frío de la noche,
    cuando la luna despliega su manto oscuro,
    nos envuelve en su silencio plateado y nos llena de una calma que sabe a tierra mojada y susurros.

    No sé si nuestro amor es fugaz,
    como la brisa que apenas toca la piel en una tarde de verano,
    o delicado como la cera que gotea lentamente,
    con el miedo de que el sol venga con su calor ardiente y su luz implacable,
    que nos derrita y nos deje expuestos, vulnerables,
    a un amor prohibido que arde en secreto,
    como fuego bajo la nieve.

  • El poema que no sé escribir

    July 23rd, 2025

    Nunca podré encontrar las palabras correctas para decirte cómo me haces sentir.
    Nunca podré encontrar las palabras para agradecerte por dejarme ver más allá de tus ojos.
    Nunca podré encontrar las palabras suficientes para poder decirte que eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

    Nunca podré encontrar la manera exacta de expresar lo profundo que estás en mi alma.
    Nunca podré hallar las frases perfectas para describir lo mucho que me inspiras.
    Nunca podré tener el vocabulario completo para confesarte que a tu lado aprendí a ser mejor.

    Nunca podré decirte todo lo que mi corazón guarda en silencio.
    Nunca podré explicarte con palabras lo que siento cuando pienso en ti.
    Nunca podré encontrar el idioma que alcance a contar la suerte que tengo de tenerte.

    Porque tú eres el poema que mis palabras no alcanzan a escribir,
    la melodía que mi voz no puede entonar,
    y el sueño que mi realidad aún no sabe cómo explicar.

  • Te quiero así,

    July 23rd, 2025

    tan mía y a la vez tan ajena,
    como el viento que acaricia sin poseer,
    como el suspiro que se escapa sin control.

    Te quiero así,
    como se quiere a una flor,
    con sus delicados pétalos que invitan a tocar,
    y sus espinas que recuerdan que el amor también duele.

    Te quiero así,
    con ese toque de suavidad que calma,
    y esas miradas matadoras que incendian el alma.

    Te quiero así,
    como rara vez se quiere en la vida,
    con la inocencia de un niño y la pasión de un fuego que no se apaga.

    Te quiero así,
    a la buena, sin máscaras ni condiciones,
    con todas las ilusiones del mundo al alcance de la mano,
    y a la vez con un miedo enorme,
    ese miedo profundo de perderme en el abismo infinito de tus ojos,
    de quedarme atrapado en tu mirada sin vuelta atrás.

    Te quiero así,
    porque en tu contradicción encuentro mi calma,
    porque en tu fragilidad veo mi fuerza,
    y en tu libertad, mi hogar.

  • Mi antojo favorito

    July 23rd, 2025

    Me gustas más que el café con pan por las mañanas.
    Me gustas más que una pupusa con todo el queso bien quemadito por las orillas.
    Me gustas más que la sopa de pollo de mi mamá.
    Me gustas tanto, que si tú me lo pides, te dejo lo quemadito de las pupusas… y hasta el último poquito de la minuta.

    Me gustas más que los tamales calientitos envueltos en hoja de plátano.
    Más que una empanada de leche recién salida del comal.
    Me gustas más que la yuca frita con curtido y salsa.
    Más que un atol de elote en tarde fría.

    Me gustas como gusta el primer sorbo de café cuando uno tiene sueño,
    como el primer bocado después de un largo ayuno.
    Eres como ese antojo que no se quita,
    como ese platillo que uno no se cansa de repetir.

    Y si te soy honesto, me gustas tanto
    que hasta estaría dispuesto a dejar el último pedazo de pastel…
    ese que siempre guardo para mí.

    Porque tú no solo eres mi antojo favorito…
    Eres el platillo que quiero en cada mañana,
    la dulzura que no empalaga,
    el sabor que no me canso de probar,
    la receta que no quiero que nadie más cocine,
    el postre que siempre dejo para el final… porque lo mejor, siempre se guarda para ti.

  • El postre de la vida

    July 23rd, 2025

    Ella sonreía como si no hubiera un mañana. Disfrutaba cada segundo de su vida con una libertad impresionante, inspiradora, que contagiaba a cualquiera que la viera sonreír.
    En su sonrisa se escondía la octava maravilla del mundo, pero a ella no le importaba mucho eso, porque el mundo era un manjar… y ella ya se quería comer hasta el postre.
    Y así, de sonrisa en sonrisa, logró conquistar el mundo

  • Su mirada

    July 23rd, 2025

    Ella tenía miedo — miedo a volver a enamorarse, a ilusionarse de nuevo con alguien, a sentir esas mariposas en el estómago que tanto le hicieron daño. Tenía miedo a estar cometiendo una locura, pero a la vez, todas las noches se acostaba en su cama, abrazaba su almohada y soñaba con esos ojos oscuros que la miraban con tanta pasión.

    Luchaba con cada fibra de su cuerpo por resistir recordarlo, pero toda esa lucha era en vano. Siempre el recuerdo de él le venía a la mente como un rayo de luz, así, espontáneo, sin esperarlo, y justo en los momentos menos indicados. Él era su bendición y a la vez su maldición.

    Él era un chavo muy tranquilo, envuelto en su propio mundo, luchando con sus propios demonios e ignorando el mundo por completo. Se sentía solo, aun estando en el centro de un cuarto lleno de personas que lo querían y se preocupaban por él. Sin embargo, nunca los vio. Ni se percató de la bella jovencita de cabello negro y ondulado como las olas del mar que lo miraba con tanto amor y ternura. Fue un encuentro efímero, pero para ella no duró tan solo un instante, sino lo suficiente como para volverse inolvidable.

    Él y ella. Ella y él. Dos mundos completamente distintos. Pero, por algún motivo o razón, el destino se apiadó de ellos y conspiró para que lograran ese anhelado encuentro. Él finalmente logró ver esos ojos pequeños de la chica del cabello ondulado y se dio cuenta de que había estado ciego toda la vida. Logró ver más allá de su mirada, vio su alma, y descubrió el verdadero significado del amor a primera vista.

    Pero justo cuando pensaba que todo había cambiado, que el destino les había dado una segunda oportunidad, una sombra silenciosa comenzó a crecer entre ellos. Una duda, un secreto, algo que ninguno se atrevía a enfrentar, y que amenazaba con borrar para siempre aquello que apenas comenzaba a nacer.

    Y en ese instante, sus miradas se encontraron una vez más… pero esta vez, la incertidumbre estaba presente, como un susurro que prometía revelar lo oculto, o destruirlo todo.

  • Después de la fecha de caducidad

    July 3rd, 2025

    Cuando las personas cumplen años, suelen llenarse de emoción. Buscan estar rodeadas de quienes aman, reciben abrazos, mensajes, tortas, y risas. Hay algo en esa celebración que parece reafirmar la vida, como si cada año que pasa mereciera una ovación.

    Sin embargo, a mí me sucede lo contrario.

    Cuando se acerca mi cumpleaños, no siento alegría. En lugar de emoción, una melancolía silenciosa invade todo mi ser. Es un sentimiento difícil de explicar: no es tristeza profunda, pero tampoco es indiferencia. Es una especie de nostalgia con filo, un susurro que me recuerda que el tiempo sigue, aunque a veces uno se sienta estancado.

    Siento —sin razón aparente— que me he quedado más tiempo del necesario. Como si hubiera cruzado esa invisible “fecha de caducidad” emocional, esa línea donde las celebraciones ya no se sienten propias, donde los años dejan de ser logros y se vuelven peso.

    No es que no agradezca estar vivo. Lo agradezco. Pero hay días en los que la existencia no pesa igual para todos, y mi cumpleaños suele ser uno de esos.

    No lo escribo buscando lástima ni consuelo, sino porque sé que hay otros que también sienten esto, pero callan. Y porque escribirlo me recuerda que sigo aquí. Que, aunque no lo celebre, otro año ha pasado y —de alguna forma— eso también es un acto de resistencia.

  • El Umbral II

    June 25th, 2025

    No toda sombra es ausencia.
    A veces, la sombra es camino.
    Un zorro, discreto y eterno,
    dibujó con su cola
    el contorno de un umbral sagrado.

    Arriba, un búho calla.
    No me observa, me espera.
    Porque el guardián de la puerta
    no custodia la entrada,
    custodia el momento
    en que por fin decides cruzarla.

    No hay mapas.
    No hay señales.
    Solo un hombre frente a sí mismo,
    un paso suspendido
    entre el miedo y la fe.

    Dentro,
    una chispa de luz que no guía,
    sino que recuerda:
    el destino no se encuentra,
    se revela.

    Y al cruzar,
    no es el mundo el que cambia.
    Es el alma la que se reconoce
    en el espejo de lo desconocido.

  • El Umbral

    June 25th, 2025


    Un zorro me hizo sombra
    y con su cola dibujó la puerta.
    No habló, pero supe
    que lo esencial no tenía forma.

    Un búho velaba en lo alto,
    guardian del misterio y del silencio.
    Sus ojos no juzgaban,
    solo esperaban.

    Di un paso hacia dentro.
    Mi corazón ardía como un faro.
    No era el mundo el que cambiaba,
    era yo el que volvía a casa.

1 2 3
Next Page→
  • Subscribe Subscribed
    • Memorias de un pasado que aun recuerdo
    • Already have a WordPress.com account? Log in now.
    • Memorias de un pasado que aun recuerdo
    • Subscribe Subscribed
    • Sign up
    • Log in
    • Report this content
    • View site in Reader
    • Manage subscriptions
    • Collapse this bar